Quien a hierro mata, o la interrupción anticipada.

El sentido vital, al menos en esencia, puede ser interrumpido abruptamente por un sinfín de situaciones que, en su mayoría, son ajenas a nosotros mismos… Sobretodo cuando estamos en manos de alguien más; ya sea el lecho de muerte o ese periodo donde depende uno enteramente de sus progenitores: el nacimiento. Por otro lado, esa esencia (o sentido) puede verse alterado también (y principalmente) por uno mismo: y las consecuencias parecen ser todavía más fatales e irreparables.

Paco Plaza (La posesión de Verónica) vuelve con Quien a hierro mata, escrita por Juan Galiñanes y Jorge Guerricaechevarría. Viniendo de un director como el español, estandarte ya del cine contemporáneo de Occidente, no es una (completa) sorpresa que, a pesar de que en esta ocasión incursiona con un género previamente inexplorado en su filmografía, el resultado haya sido enteramente complaciente y estremecedor.

Luis Tosar como Mario. Filmaffinity.

Mario, un hombre ejemplar, cuasi perfecto, vive en un pueblo de las costas gallegas. Trabaja como enfermero en un asilo de ancianos; todos le adoran. Un día recibe la noticia de que Antonio Padín, el narcotraficante más conocido de ese territorio, ha salido de la cárcel ya por cuestiones de salud y que, en vez de ir a descansar en la opulencia de su residencia, desea ir a pasar el resto de sus días a la casa de reposo para gente vetusta (y además enferma). Los hijos de Antonio, Kike y Toño, están en desacuerdo, pues saben, muy en el fondo y muy poco fuera de sus berrinches adolescentes, que con su padre ahí dentro lo tienen todo perdido. Y se confirma la premisa -que nunca se menciona, más que figurativamente-: uno de los hermanos termina en la cárcel por no más que una emboscada y un pésimo negocio; y la ausencia se su padre en ese negocio, hace crecer la incertidumbre de los involucrados. Necesitan dinero para sacar al hijo de Padín de la cárcel y ellos están en blanco, jodidos; buscan a su padre y este los manda al carajo. Deciden, entonces, “pedir” la ayuda de Mario, para persuadir a su padre, y que decida salir y entregar el dinero que sea necesario para rescatar al heredero que se encuentra a filo de muerte carcelaria. Sin embargo, no se imagina nadie, ni siquiera el mismo enfermero, de sus deseos e intereses.

A lo largo de los más de cien minutos de metraje, el director de Ultravioleta (2014) nos recuerda que “el rencor es peor que la venganza”. Ver en alguien más algo que te molesta es reflejo de que eso te carcome en ti y lo sientes tuyo, sino, ¿por qué te molestaría? Como estragos de intolerancia hacia los demás y hacia sí mismo.

Es, justo ese reflejo intermitente y escandaloso en el pensar, lo que conduce buena parte de los eventos por los que está constituida la película; ese amargo “darse cuenta” de las situaciones, de quién es uno realmente ante sucesos, de alguna manera, tan cotidianos. El espectro de un ser querido que jamás se ha dejado ir por completo y la oportunidad de enmendar ese error con uno mismo es una combinación letal cuando lo que reina en la persona es el rencor y los estragos de las malas decisiones. Sobretodo cuando tienes enfrente al que, de alguna manera preescrita por el destino, decides llamar precursor de todas tus tragedias.

Pablo Rosso, fotógrafo de cabecera de Paco Plaza, se encargó de fotografiar Quien a hierro mata. Logrando capturar de nueva cuenta, y sin reparo alguno de un perfeccionismo casi logrado, la tensión, que caracteriza muchas de las escenas de los filmes del español: primeros planos (donde miramos el rostro tenso de los protagonistas) que devienen, luego de comunicar el sentimiento, en planos detalle de objetos aislados que secundan el sentimiento del interprete. Y, apenas está ocasión, esa elección de tonos estridentes que eligieron para colorear el filme, que de alguna manera recuerdan al cine de Mario Bava o la iluminación prominente en las cintas de Winding Refn; pero que de ninguna manera se equiparan.

La historia jamás se pierde: cumple su ciclo; nace y muere la cantidad de veces que uno decida si hablamos de la película en sí, pero que, sin embargo, en la vida real: sólo se nace y muere una sola vez; y es un ciclo que hay que cumplir (aunque no respetar). Y es esa parábola existencialista con la que se conduce el último tercio de la película: siendo, literalmente, un ejemplo de que así como se muere se nace, incluso al mismo tiempo, aunque no en el mismo espacio ni contexto.

El miedo a la vida se consume cuando, sin más, lo has perdido casi todo: ya sólo esperas morir, no sin antes brindarle las explicaciones necesarias a quienes tienes a tu cargo. Y sólo queda entonces continuar: roto, viudo, huérfano, encarcelado, vuelto loco, narcotraficante venido a menos, hecho mierda en un accidente; como sea, sólo continuar.

Pueden mirar el filme en NETFLIX. Que se lanzó como producción original de la plataforma -aunque co-producida.

DG.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s