Eso, o la “efectividad” del blockbuster.

Las expectativas que anteceden al estreno de una gran producción son un arma peligrosa a la hora del consumo, pues corremos el riesgo de salir de la sala de cine, la mayoría de las veces, decepcionados, y la mayor de las veces que eso sucede, la culpa es propia… No porque el largo sea malo, sino porque resulta siempre un poco complicado que un director de cine satisfaga los caprichos de millones de personas. Además, ¿quién nos manda a esperar tanto de un producto que es siempre subjetividad pura e interpretación propia?

Sin embargo, en el ardid de las producciones de los monstruos de la industria, lo convencional y la complacencia son los objetivos; y sí o sí deben de concretarse correctamente. Y al estar ahí en la liga de los ya sonados blockbusters, además de lo antes mencionado acerca de las grandes producciones, tienen como otra tarea principal el recuperar las inversiones millonarias que están detrás de esos filmes.

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Aquello es precisamente algo que tiene que ver con ‘It: Chapter 2‘. Pues si bien a Andy Muschietti se le dio la oportunidad de “sellar” la película a su modo, tuvo que adaptarse su dirección al guión escrito por Gary Dauberman (viejo escritor conocido por ‘The Conjuring‘) y Jeffrey Jurgensen; quienes a su vez tuvieron que darle forma a la escritura del guión según lo que Warner Brothers Studios les dijera (o impusiera). Cabe mencionar, aunque sea a colación, que el reto y la responsabilidad de la recuperación monetaria fue mayor esta vez que en la primera entrega, pues esta ocasión se duplicó el presupuesto.

En estos tiempos ya no hay ninguna película que no apele a la nostalgia, y que mejor situación para seguir aprovechándose de ese recurso que con un personaje y una novela tan queridas: es por eso la similitud tan evidente de este segundo capítulo de ‘It’ con la novela homónima de Stephen King. Suena evidente que sean tan símiles, porque la película está basada en el libro, empero, el hecho de que sea una adaptación, le ha de permitir a quien dirija el largo cierta libertad (ajá); y es por eso mismo que a muchos encantó tanto. No porque haya sido un trabajo espectacular en el trabajo de dirección ni porque los efectos especiales hayan sido los mejores; por supuesto que tampoco tuvo nada que ver el guión –que, ya mirado a detalle, carece de fortaleza argumentativa; y lo que ha de salvarle la mayoría del tiempo son las actuaciones y los escasos minutos de un Bill Skasgard interpretando a Pennywise–. Tampoco tuvo que ver en demasía la aparición escasa de Eso y su moderada violencia –cosa distinta a como la vimos en la primera parte de It–.

La fórmula es exactamente la misma del Capítulo 1. ‘The Losers Club‘ se reúne tras 27 años de una amistad pausada para luchar contra Eso, que ha vuelto y está ávido de venganza. Mickey (Isaiah Mustafa), el único que jamás abandonó Derry, es el primero en presenciar el retorno de Pennywise; y es entonces el encargado de llamar a los demás integrantes del Club, para hacer valer aquella promesa que hicieron entre sí cuando tenían apenas trece años; cuando creyeron que habían derrotado al monstruo. Finalmente, esta ocasión lo consiguen; y en el proceso para llegar a la victoria vemos un collage armado adecuadamente, de manera funcional (y el cual pudo haber sido mil veces mejor); con materia que prescinde completamente de la novela de King, legitimando la mayor cantidad de detalles posibles que juegan un papel importante en la novela y que quieren permitir vernos en pantalla grande.

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El largometraje es complaciente y, de algunos modos, hasta condescendiente. Si bien es cierto que a pesar de la duración de la película en ningún momento se siente la pesadez ni la incomodidad por permanecer tanto tiempo mirando la pantalla, y entonces el ritmo resuena en el fondo glorioso; la película tiene desaciertos que, por momentos, pareciera que le robarán todo lo bueno a la misma: esos chistes que buscan revitalizar las secuencias para no hacer sentir mal por completo al espectador por lo fortísimas que puedan llegar a ser las escenas (Ojo: lo molesto no son los chistes, la mayoría de ellos son demasiado elocuentes; el problema yace en su objetivo hacia las propias escenas); a priori, fuera de la exigencia, los efectos especiales podrían parecer acertados, empero, para ejemplificar el abuso del CGI, tenemos la escena en la que Beverly (Jessica Chastain) vuelve al que fue su hogar en la adolescencia y se enfrenta, de alguna manera, a sus más viejos miedos; el guión simplista de Dauberman, del que no quedó ni rastro de la primera entrega (aquélla donde Fukunaga hizo de las suyas aún habiendo renunciado a la franquicia por diferencias creativas).

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La nostalgia a la que hace apología, resuena en el fondo como una gratificación a lo que fue el terror en una de sus mejores décadas: los 80’s; allá donde películas memorables llegaron para no morir jamás se erigieron como estandartes del género. Es ahí, en el recuerdo, donde este ‘It: Chapter 2‘ se siente como una especie de a modern ‘Nightmare on Elm Street‘ pero al más puro estilo ya irreparable y único del argentino Muschietti. 

Podrá encantarnos o no, que una película que demasiada gente espero por tanto, sea un grandioso y funcional blockbuster. Pero es ‘Eso‘ lo que es…

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